Si llevas años con esto ya sabes cómo funciona. La crema te quita el picor cuatro o cinco días. Te confías. La dejas. A las dos semanas está otra vez ahí.
Y cada vez que vuelve piensas lo mismo: que tienes mala suerte, que el tuyo es de los fuertes, o que algo estarás haciendo mal tú.
No es nada de eso. Es más simple y más tonto.
Un pie que pasa diez horas dentro de una bota ya es un sitio caliente y húmedo. Y lo que llevas años poniéndole encima es una capa de grasa que tapa y retiene todavía más humedad. El producto hacía su trabajo arriba mientras el ambiente de debajo seguía siendo exactamente el que ese hongo necesita para quedarse.
No fallaste tú. Falló el método.
Estas son las diez razones por las que cada vez más gente, en vez de buscar una pomada más fuerte, ha cambiado el gel de la ducha.